De Máquinas Y Seres Vivos: Autopoiesis, La Organización De Lo Vivo. Prefacio De Humberto Maturana Romesín A La Segunda Edición: Espontaneidad versus finalidad
Nada más difícil que entender y aceptar la espontaneidad de los fenómenos biológicos en una cultura como la nuestra orientada al explicar propositito o finalista de todo relacionado con lo vivo.

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Anónimo Sábado 16 de Mayo del año 2009 / 15:08
Espontaneidad versus finalidad


Nada más difícil que entender y aceptar la espontaneidad de los fenómenos biológicos en una cultura como la nuestra orientada al explicar propositito o finalista de todo relacionado con lo vivo. Así, usualmente no vemos que los procesos moleculares son espontáneos, cualquiera sea el lugar o la circunstancia en que ocurren, incluso aquéllos del metabolismo celular que cursan con la participación de las así llamadas moléculas de alta energía, como el ATP (adenosin trifosfato). Los procesos moleculares ocurren, en cada instante, como resultado de las propiedades estructurales de las moléculas, y no porque nada externo a éstas los guíe. También resulta muchas veces difícil aceptar que un sistema, cualquiera que éste sea, surge en el momento en que en un conjunto de elementos comienza a conservarse una dinámica de interacciones y de relaciones, que da origen a un clivaje operacional que separa a un subconjunto de esos elementos que pasa a ser el sistema, de otros elemento que quedan excluidos de éste, y que pasan a ser su entorno. La dinámica de interacciones y relaciones que como configuración relacional entre elementos al conservarse separa a un conjunto de elementos de otros dando origen a un sistema, pasa a ser la organización del sistema, en tanto que el conjunto de elementos y relaciones que realizan esa organización en la unidad operacional que surge así separada de un medio como un ente particular, pasa a ser su estructura. Esto es, el observador ve que al surgir un sistema surge también el medio como aquel dominio de complementariedad operacional en el que el sistema se realiza como un ente discreto mientras su organización se conserva. La dinámica de formación espontánea de sistema y medio, constituye, para el observador que no puede prever el surgimiento de un sistema porque no puede ver las coherencias estructurales desde donde surge, el surgimiento de orden a partir del caos. En este sentido, todo surge del caos en tanto surge como algo que se forma en el comienzo de la conservación de una organización que no preexiste, y que no se puede deducir desde las coherencias operacionales donde lo nuevo tiene sentido relacional para el observador. El fenómeno histórico es un continuo surgir del caos en tanto el presente es sólo comprensible a posteriori en su relación con el pasado, y la relación generativa que le da origen surge como una relación explicativa que el observador propone para relacionar dos dominios disjuntos conservando el determinismo estructural.


Puesto de otra manera, orden y caos son dos aspectos de los comentarios explicativos que un observador puede hacer sobre lo que pasa en la dinámica sistémica espontánea de constitución de un sistema en un dominio de determinismo estructural desconocido para él o ella, y no dos condiciones intrínsecas de lo que un observador puede llamar el mundo natural. Al reflexionar sobre lo que pasa en la dinámica espontánea de constitución de los sistemas, lo que un observador nota es que en la distinción de un sistema surgen para él o ella tres dominios de orden: 1) el dominio de las coherencias estructurales del sistema distinguido, 2) el dominio de las coherencias estructurales de lo que surge como medio y en su distinción del sistema, y 3) el dominio de la dinámica de las relaciones entre el sistema y el medio. Además, para el observador que mira el ámbito de donde surge un sistema desde las coherencias del operar de éste como totalidad sin que él o ella lo pueda describir, ese ámbito es, sensus stricto, caótico: en otras palabras, desde la perspectiva del operar de un sistema que surge sin que un observador sea capaz de predecir su surgimiento, el ámbito desde el cual surge antes de su aparición, es el caos, después, si el observador es hábil y logra proponer un mecanismo generativo, deja de serlo. Lo que sorprende, y hace pensar en la necesidad de procesos intencionales o propositivos en relación al ser vivo, es la coherencia operacional de éste con su circunstancia en una dinámica conductual que se ve adaptándose a un ámbito que aparece cambiante de manera independiente.


Pienso que debo insistir aquí en que el que la noción de caos surja de la inhabilidad del observador para prever el surgimiento de un cierto sistema desde un ámbito de determinismo estructural que no puede describir, no indica que la organización del sistema que surge dependa del arbitrio del observador. Sin duda está en juego lo que el observador distingue, y lo que él o ella de hecho distingue está asociado a la operación de distinción que hace, pero el observador sólo distingue lo que le cabe distinguir en el espacio de coherencias estructurales que surge en las coherencias de su experiencia. Pero hay algo más. La organización espontánea de un sistema al surgir éste en la conservación de una configuración relacional entre un conjunto de elementos que crea un clivaje con respecto a un entorno que surge en ese momento, tiene, entre otras, dos consecuencias fundamentales. Una es la aparición de un nuevo dominio relacional o fenoménico que antes no existía, en el cuál la entidad o sistema, que surge como unidad definida como tal por la organización, que comienza a conservarse de ahí en adelante, tiene propiedades como sistema o totalidad, que no son propiedades de sus componentes. Tal dominio relacional o fenoménico, no se puede deducir de las propiedades de los componentes del sistema porque surge con la composición. La otra consecuencia, es que se genera una asimetría en el suceder, porque cada situación surge como una composición espontánea de lo anterior en la que aparecen nuevos dominios relacionales o fenoménicos, que el observador distingue al hablar de historia y tiempo. El tiempo surge en el explicar del observador desde la distinción de la asimetría del suceder de su experiencia, aún en la situación en la que él o ella distingue un fenómeno que llama reversible pues para hacer tal cosa el observador debe distinguir su propia asimetría experiencial.


Ambos, tiempo e historicidad, son proposiciones explicativas de la asimetría en el suceder de la experiencia del observador, en las que se connota precisamente su irreversibilidad intrínseca. Es decir, el observador propone la noción de tiempo al distinguir la historicidad de su experiencia, y es de esa historicidad que él o ella genera una referencia desde la cual puede hablar como si hubiese reversibilidad temporal en los fenómenos cíclicos aun cuando el suceder experiencial del observador por surgir en una dinámica epigénica es intrínsecamente irreversible y unidireccional. Los procesos descritos como cíclicos sólo lo son como proyecciones descriptivas con las que el observador los abstrae del fluir direccional a que pertenecen.


Veamos ahora el tema de la finalidad. La espontaneidad en el surgimiento de los sistemas, niega cualquier dimensión de intencionalidad o finalidad en su constitución o en su operar, y hace que finalidad e intencionalidad perte¬nezcan sólo al ámbito reflexivo del observador como comentarios que él o ella hace al comparar y explicar sus distinciones y experiencias en distintos momento de su observar. Quien no acepta la espontaneidad de los procesos moleculares, no puede aceptar la espontaneidad de las coherencias operacionales entre el ser vivo y el medio propias del vivir. Dado el determinismo estructural, una vez que un sistema surge, su devenir consiste necesariamente en una historia de interacciones recurrentes con los elementos de un medio que surge con él y lo contiene. Además tal historia de interacciones recurrentes entre el sistema y el medio cursa necesariamente como una coderiva estructural. Esto es, tanto la estructura del sistema, como la estructura del medio, cambian necesariamente y de manera espontánea de un modo congruente y complementario mientras el sistema conserva su organización y la coherencia operacional con el medio que le permite conservar su organización. Esto ocurre en una dinámica de complementaridad operacional en la que un observador ve al sistema deslizarse en el medio siguiendo el único curso que puede seguir en la conservación de su organización, en un proceso en el que las estructuras del sistema y del medio cambian juntas de manera congruente hasta que el sistema se desintegra. En la historia de los seres vivos en la tierra, esta dinámica ha tenido lugar desde que apareció la reproducción secuencial dando origen a la generación, conservación, y diversificación de linajes, como la dinámica que ha dado origen a todos los modos de vida que hoy distinguimos en la tierra. Y ha tenido lugar en un entrelazado continuo de transformaciones estructurales en el cual las distintas clases de seres vivos van surgiendo unos como parte del medio de los otros. Los seres vivos actuales constituimos el presente de la dinámica histórica espontánea de constitución y conservación en la reproduc¬ción de sistemas autopoiéticos en la tierra, que al ocurrir inició un codevenir de coherencias operacionales entre los distintos seres vivos que no surgen solamente de fenómenos causales locales, sino que surgen primariamente como coherencias históricas. En efecto, los seres vivos terrestres exhiben ahora, y han debido exhibirlo en todos los momentos de su coderivar histórico como biosfera, coherencias operacionales entre sí y con el medio de carácter histórico que no pueden sino aparecer incomprensibles a un observador que busca conexiones causales locales si él o ella no recurre a argumentos finalistas.


El análisis que he hecho de la dinámica de constitución de los sistemas, y lo que he dicho de la coderiva de los seres vivos en lo que es su devenir histórico como parte de la biosfera, muestra que no hace falta ningún otro argumento para explicar las coherencias del vivir que vemos entre los seres vivos terrestres aunque sus historias evolutivas parezcan ser del todo independientes. Las coherencias operacionales que surgen en el encuentro de seres vivos o son meras coincidencias entre sistemas que tienen historias, tanto evolutivas como ontogénicas, independientes en el ámbito de su encuentro, o son el resultado de su coparticipación en un proceso histórico común, de la misma manera que las coherencias dinámicas de los puntos opuestos de un frente de onda son el resultado de un proceso histórico que se inicia en el origen de la onda. Así, no es necesario imaginar conexiones de carácter causal para explicar como los contenidos citoplasmáticos de una célula de lechuga resultan nutritivos para nosotros, como tampoco es necesario hacerlo para explicar que podamos establecer relaciones de afecto con un delfín. He insistido en este punto en este prefacio, porque considero que es necesario hacerse cargo de que los seres vivos somos entes históricos participantes de un presente histórico en continua transformación, para comprender lo que mostramos en este libro al señalar que los seres vivos somos sistemas autopoiéticos moleculares, y lo que decimos al decir que el vivir se da en la realización de la autopoiesis molecular. En fin, también es necesario entender que los seres vivos existimos en el presente de una continua dinámica de emergencia histórica, para no intentar usar al presente (resultado de la historia) como argumento causal para explicar su origen.


» Referencia del Prefacio de Humberto Maturana Romesín a la segunda edición del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.


» Indice del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.



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